Desde siempre danzo.

Fue la manera que encontré para conectarme, para mantenerme cuerda, para sanar, para relacionarme con otros, para expresar mi mundo interno pues la palabra no habita en mi con facilidad.

Un día descubrí que esto, la danza como vechículo de conexión y transformación del ser, era una profesión creada por otras bailarinas: la Danza Movimiento Terapia.

Me interné entonces en un proceso personal que iba de la mano de un proceso formativo en DMT en Buenos Aires, Argentina; proceso en el que continúo, nunca termina.

Desde allí enseño y atestiguo a otros en sus procesos personales con el movimiento y la palabra, el silencio y la quietud como vías para volver a casa…

 

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